Aquello que pensás y sentís y la manera en la que actuás en consecuencia son aspectos que hacen a tu realidad. En tiempos como éstos, especialmente, transformar nuestro metro cuadrado puede hacer toda la diferencia en el entorno laboral.

“Lo único que sabemos del futuro es que será distinto. Trata de predecirlo es como tratar de conducir de noche por un camino de tierra, sin luces, y mirando por la ventanilla trasera. La mejor forma de predecir el futuro es crearlo”.
Peter Drucker
Quiero proponerte un ejercicio:
Revisá en tu LinkedIn las referencias que han escrito tus colegas sobre vos. “Plan B”, preguntá a algunas personas cómo te ven. Si tuvieran que referenciarte, por ejemplo, ¿qué dirían de vos?
Nos animemos a dar un paso más… ¿Cómo describirías vos a estas personas como colegas?
Si estas referencias o la manera en que te describen o describís son previas a marzo de 2020, quizás sea necesario revisar, ¿cómo estás valorando y reconociendo tu desempeño profesional hoy?
Más allá de nuevas formas de trabajar surgidas de esta emergencia, y que implican cambios como la distancia física, la mediación tecnológica, la necesidad de aprender a gestionar agendas propias y de equipo, de “tener” reuniones, vemos un contexto especial para potenciar nuestro desarrollo profesional.
Esta realidad (ya no tan nueva) se nos presenta como una buena oportunidad para preguntarnos: ¿qué habilidades precisamos dejar atrás y cuáles necesitamos impulsar para lograr plenitud en nuestro trabajo hoy?
Para pensarlo mejor, compartimos cuatro aspectos de nuestro día a día laboral, que nos pueden ayudar:
Los vínculos: ¿Cómo creamos relaciones en nuestro entorno? ¿Cómo nos comunicamos, con quiénes? ¿Con quiénes elegimos no comunicarnos? ¿Nos esforzamos para ser efectivos al hacerlo? ¿Somos facilitadores desde nuestro rol, o somos obstaculizadores? ¿Hacemos y comunicamos nuestras tareas al equipo? Quizás solo hacemos y “nos olvidamos” de comunicarlo, o tal vez, hablamos y no hacemos. FUNDAMENTAL: ¿conectamos el sentido de la tarea?
El tiempo: ¿Cuánto dedicás a organizar, realizar, y comunicar avances sobre tus tareas? ¿Calibrás el tiempo que te lleva coordinar acciones con colegas, proveedores y equipos? Nuestro desempeño profesional tiene que ver mucho con esta dimensión…Tanto si somos o no eficaces, como si tenemos la sensación de estar toooodo el día trabajando y aún así no llegar a los resultados deseados.
El espacio: Nos gusta pensar esta dimensión, no sólo teniendo en cuenta cómo organizás tu espacio físico, como por ejemplo, una oficina; sino y fundamentalmente, tu espacio simbólico: un proyecto o tu equipo. ¿Te sucede a menudo que el desorden del escritorio se traduzca en otro espacio?
La acción (“Hago, luego existo”):
Más allá de lo que decís sobre tu trabajo, ¿qué resultados alcanzás? ¿Sos capaz de reconocerte logros que vas obteniendo en el proceso? ¿Sos de esas personas que innovan, ayudan a los demás a hacer, y van más allá de las tareas que tienen a su cargo? Este análisis tiene que ver específicamente con tu capacidad de generar mejoras en tu metro cuadrado, y que esas mejoras impacten y marquen la diferencia en tus relaciones y en tus resultados.
Vamos de nuevo…
Entonces, la pregunta no sería ¿cómo estás valorando y reconociendo tu desempeño profesional hoy? sino ¿cómo la mejora que generás en tu metro cuadrado aporta valor en tus equipos, proyectos y organización?
Un último ejercicio:
Te invito a escribir tus rasgos admirables y tres acciones que, en este instante, estás realizando para navegar estos tiempos tan inciertos, y que aportan a mejorar desde tu propio hacer y lograr plenitud en ello.
Tené en cuenta que, a veces, son pequeños detalles los que hacen una gran diferencia. Seguramente, con esto en mente, vas a poder descubrirlo y también inspirarte a ir por mucho más.
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Matteo Vistocco [imagen digital]. Extraída de Unsplash
Vanesa Guajardo Molina
